De señal incipiente a efecto consolidado
España se ha convertido en un destino cada vez más atractivo para emprendedores extranjeros, con una tasa de creación de empresas superior a la de los fundadores nacionales y una fuerte presencia en sectores tecnológicos.
A diferencia de años anteriores, en 2026 empieza a percibirse un efecto de consolidación de la Ley de Startups. Los visados para emprendedores y nómadas digitales dejan de ser solo una herramienta de atracción de talento remoto y pasan a facilitar la creación real de empresas con base tecnológica, apoyadas en mayor seguridad jurídica.
España como lugar para iniciar proyectos empresariales
España comienza a ser percibida no solo como un país atractivo para vivir, sino como un entorno viable para empezar proyectos empresariales, especialmente en un contexto europeo de mayores costes y rigidez regulatoria.
Este cambio de percepción afecta tanto a fundadores como a perfiles directivos e inversores que valoran España como base operativa inicial.
Talento internacional más allá de los grandes hubs
Aunque Madrid y Barcelona siguen concentrando buena parte del emprendimiento extranjero, en las últimas semanas empieza a hablarse con más fuerza de una descentralización del talento. Ciudades como Málaga, Valencia o Bilbao están atrayendo fundadores internacionales vinculados a parques tecnológicos, ecosistemas locales y conexiones más directas con universidades y centros de conocimiento.
Este patrón apunta a una oportunidad clara para territorios que combinen calidad de vida, infraestructura tecnológica y capacidad de transferencia.
España como puerta de entrada a Europa
Otro elemento emergente es el desarrollo de programas de “soft landing” por parte de incubadoras y aceleradoras españolas. Estas iniciativas están posicionando a España como punto de entrada natural a la Unión Europea para startups procedentes de Estados Unidos y Latinoamérica, especialmente en fases tempranas de implantación.