El ecosistema startup español se acerca a las 5.000 empresas: más volumen, más madurez, mismos cuellos de botella

La primera evaluación continua de la Ley de Startups confirma que el ecosistema emprendedor innovador en España ha crecido casi un 40% en un año. Los datos son positivos. Los retos estructurales, conocidos.

El Pleno del Foro Nacional de Empresas Emergentes, presidido por la Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, aprobó este miércoles el análisis elaborado durante el último año por los tres Grupos de Trabajo de la Ley 28/2022. La conclusión principal: casi cuatro años después de su aprobación, el ecosistema ha crecido, madurado y reforzado su talento.

Un salto cuantitativo relevante

España ha pasado de 3.600 startups en 2024 a cerca de 5.000 en 2025, un incremento del 40% en doce meses. El empleo en el sector crece un 46% desde 2022 y la vida media de las empresas sube hasta los 3,5 años, una señal de mayor estabilidad.

La facturación de las startups tecnológicas también avanza con fuerza: de 11.500 a 14.800 millones de euros entre 2024 y 2025. La inversión, por su parte, se estabiliza por encima de los 3.100 millones, en un contexto de mercado más selectivo que el de años anteriores.

La Ley de Startups, operativa y con tracción fiscal

El sistema de certificación de empresas emergentes, gestionado por ENISA, acumula ya más de 2.100 empresas certificadas con plazos medios de resolución de 45 días, por debajo del máximo legal de tres meses. Los incentivos fiscales también ganan peso: el número de empresas que aplican el tipo reducido en el Impuesto sobre Sociedades se duplicó entre 2023 y 2024.

El ecosistema tecnológico en su conjunto supera las 8.500 empresas, una cifra que incluye startups y compañías tecnológicas en distintas fases de desarrollo.

España como destino de talento internacional

Uno de los datos más llamativos del informe es el relacionado con la atracción de talento. Las autorizaciones de residencia amparadas en la Ley 14/2013 han crecido un 286% entre 2020 y 2024, pasando de 23.608 a 91.170. La figura del teletrabajador internacional destaca como uno de los vectores de mayor dinamismo.

En materia de igualdad, el 42% de las empresas emergentes certificadas por ENISA cuenta ya con al menos una mujer en su equipo directivo. El informe reconoce avances, pero mantiene la presencia femenina en el ecosistema como un reto estructural pendiente, con atención especial al emprendimiento rural y al de personas con discapacidad.

Los retos que no cambian

El crecimiento en volumen no disimula los desafíos que el propio informe identifica con claridad. La transición de startup a scaleup sigue siendo el principal cuello de botella del ecosistema: las rondas de financiación en fases avanzadas son escasas, y el capital disponible tiende a concentrarse en las primeras etapas o en operaciones de gran tamaño.

A esto se suma la concentración territorial en Madrid y Barcelona, que el Gobierno reconoce como desequilibrio a corregir, y la necesidad de armonizar los sistemas de medición del ecosistema para que los datos sean comparables y accionables. La adaptación de las pymes a marcos regulatorios digitales como el Data Act, el DMA o el DSA aparece también como tarea pendiente, aunque el informe señala que más del 74% de las pymes españolas ya alcanzan un nivel básico de intensidad digital, por encima de la media europea.

Valor añadido Brújula: Lo que España aprendió con las startups, ahora tiene una oportunidad de aplicarlo al resto

La Ley de Startups ha demostrado algo que no era evidente cuando se aprobó: que un marco regulatorio bien diseñado puede cambiar el comportamiento de un ecosistema en poco tiempo. Certificación ágil, incentivos fiscales con tracción real, atracción de talento internacional, reducción de plazos administrativos. El experimento ha funcionado. La pregunta que emerge ahora es si España tiene la ambición de aplicar esa misma lógica al conjunto de su tejido productivo. Porque los cuellos de botella que frenan a una startup en su transición a scaleup —acceso a financiación en fases avanzadas, burocracia, dificultad para escalar— son exactamente los mismos que llevan décadas lastrando a la pyme innovadora española. El ecosistema emprendedor ha sido el laboratorio. La economía productiva en su conjunto podría ser el siguiente paciente.

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