Los ecosistemas emprendedores más conectados lideran la transformación territorial en España

La segunda edición del Índice de Ecosistemas de Emprendimiento de Impacto revela que la capacidad de un territorio para afrontar los grandes retos del presente no depende solo de su actividad económica, sino de la calidad de sus redes de colaboración entre actores públicos, privados, académicos y sociales.

El estudio, impulsado por Impact Hub Madrid e Impact Hub Donostia con apoyo técnico de Mercatec Investigación Estratégica y financiación del Programa ALIANZAS ES del Ministerio de Trabajo y Economía Social, analiza las 50 provincias españolas a través de más de 120 indicadores organizados en tres dimensiones: salud ecológica, salud social y salud económica-emprendedora. Fue presentado el 17 de junio en Madrid.

Un mapa que redefine qué significa ser competitivo

El informe propone una lectura alternativa a los análisis territoriales tradicionales, centrados casi exclusivamente en indicadores de producción y empleo. El argumento de fondo es claro: la fortaleza de un territorio para afrontar la crisis climática, la transformación demográfica o el aumento de las desigualdades no se mide únicamente en cifras de PIB.

Las provincias mejor posicionadas son aquellas capaces de tejer relaciones sólidas entre administraciones, empresas, universidades, entidades sociales y ciudadanía. Esa capacidad de articulación, según los autores, resulta tan determinante como los indicadores económicos convencionales.

El ranking: provincias medianas entre las más resilientes

Las diez provincias con mejores resultados globales son Madrid, Navarra, Girona, Huesca, La Rioja, Gipuzkoa, Bizkaia, Teruel, Lleida y Araba. El dato más llamativo es que varias provincias de tamaño medio superan a territorios con una actividad económica más intensa.

Navarra encabeza tanto la dimensión ecológica como la económica. La Rioja, por su parte, alcanza una posición destacada en el ámbito social pese a situarse en posiciones más bajas en términos económicos. El patrón que emerge del análisis apunta a que la diversidad del tejido social y la capacidad de colaboración son tan relevantes como el volumen de actividad empresarial.

En el extremo opuesto, las provincias del sur de España y los archipiélagos presentan el mayor margen de mejora, especialmente en gobernanza y sostenibilidad ambiental.

Ecosistemas como sistemas vivos

El marco conceptual del índice entiende los ecosistemas emprendedores como sistemas vivos en los que los factores económicos, sociales y ambientales están estrechamente interrelacionados. La resiliencia territorial no surge de la suma de recursos individuales, sino de la calidad de las interdependencias entre ellos.

Desde esta perspectiva, la herramienta está orientada a administraciones públicas, empresas, universidades, centros de investigación y organizaciones sociales que trabajan en procesos de transición ecológica, innovación territorial y desarrollo sostenible. El objetivo declarado no es establecer una competición entre provincias, sino ofrecer una radiografía que permita identificar fortalezas, desequilibrios y oportunidades de mejora.

Una limitación relevante: los datos van por detrás

Los propios autores reconocen una restricción estructural del índice. Muchas transformaciones territoriales todavía no aparecen reflejadas en los datos disponibles: redes de colaboración emergentes, nuevas formas de gobernanza o cambios culturales pueden tardar entre cuatro y cinco años en manifestarse en los indicadores estadísticos.

Esto convierte al índice en algo más que una fotografía del presente: una herramienta para interpretar procesos de cambio que ya están en marcha y que serán decisivos para la capacidad de adaptación de los territorios en la próxima década.

Valor añadido Brújula: Un ecosistema no se gestiona, se cultiva

Durante décadas, la política territorial ha funcionado con una lógica de ingeniería: identificar carencias, asignar recursos, medir resultados. El índice de Impact Hub propone —aunque no lo diga con estas palabras— que esa lógica tiene un límite. Un sistema vivo no responde a la gestión, responde al cuidado. Lo que diferencia a Navarra de una provincia con más PIB y menos cohesión no es una decisión puntual de inversión, sino años de relaciones construidas entre actores que aprendieron a colaborar antes de que hubiera un indicador para medirlo. La consecuencia es incómoda para quienes diseñan políticas públicas: las palancas más poderosas para transformar un territorio son precisamente las que no aparecen en ningún presupuesto. Infraestructura de confianza, cultura de colaboración, diversidad del tejido social. Cosas que no se licitan, no se ejecutan en un mandato y no se miden hasta cuatro años después de haber ocurrido.

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